La polémica de los transgénicos y la carta de los Nobel a Greenpeace (parte 2)

En aquella carta de parte de más de 100 premios Nobel para los líderes de Greenpeace, las Naciones Unidas y gobiernos del mundo, se pedía estos organismos que apoyaran explícitamente los organismos genéticamente modificados como única solución para el hambre mundial. La semana pasada ya me metí en terreno pantanoso y empecé a hablar de este tema. Hoy traigo la parte dos, con salsita ética y política para todos los paladares.

Argumentos a favor

En la parte 1 enumeré una serie de argumentos a favor de los transgénicos y hablé sobre los tres primeros, de corte científico-técnico. Hoy me voy a encargar de los dos últimos.

  1. Son inocuos para la salud.
  2. Son más productivos.
  3. Son mejores para el medio ambiente, pues se reduce el uso de pesticidas al ser variedades resistentes a plagas y enfermedades (como las Bt).
  4. Son la única manera de acabar con el hambre y los déficits nutricionales del tercer mundo (arroz dorado y déficit de vitamina A).
  5. Son más rentables para los productores.
Sierra Leona
Sierra Leona.

El hambre en el mundo

La supuesta superioridad de las cosechas de transgénicos ayudaría a alimentar a una población mundial en constante aumento. El problema es que, si tenemos en cuenta lo visto hasta aquí, el “gen del aumento de producción” no está por ningún lado, y tan sólo hay una variedad modificada que esté preparado para resistir condiciones de sequía (referencia). Por tanto, dicho incremento será siempre indirecto, se deberá exclusivamente a la menor cantidad de pérdidas por plagas y enfermedad. Sería una irresponsabilidad no aprovecharlo, claro, pero en muchas ocasiones (no siempre) los cultivos transgénicos requieren unos niveles de irrigación o una inversión inicial en semillas y pesticidas que, simplemente, son imposibles en las zonas pobres del planeta (estudio, estudio, estudio). Todo esto por no hablar de que reducir el hambre y la malnutrición a un simple problema científico-técnico es simplificar excesivamente (estudio). De hecho, aún podríamos ir más lejos y afirmar que, a día de hoy, no existe tal escasez de alimento a nivel global en términos técnicos (referencia). Justificar el hambre con una simple explicación maltusiana en pleno siglo XXI, sin mencionar asuntos políticos y económicos, es una ingenuidad.

En cuanto a la rentabilidad para los agricultores, nuevamente depende del caso. Las semillas biotecnológicas y su paquete asociado son más caras que las convencionales. Habrá agricultores que las puedan pagar y puedan aplicar la técnica necesaria para simplificar el manejo y aumentar el beneficio económico, y los habrá que, directamente, no tengan dinero para comprar nada de esto.

El uso del arroz dorado

El enfoque tradicional para terminar con el hambre en el mundo está basado en garantizar que cada persona coma la cantidad necesaria de calorías. Así, se fomenta el cultivo de alimentos que producen gran cantidad de calorías a un coste bajo, como el trigo o el arroz. ¿Cuál es el error de este modelo? Pues que una dieta basada en cereales (carbohidratos) de este tipo es deficitaria en vitaminas y minerales, por mucho que se cumpla el mínimo de calorías requeridas. El concepto de seguridad alimentaria debería ser reorientado hacia la seguridad nutricional. No se trata sólo de incrementar el número de calorías, sino de mejorar la dieta para terminar con los problemas de salud que provocan las deficiencias de hierro, zinc, yodo, vitamina A o vitamina B12. Además, una importante parte de la producción agrícola en países subdesarrollados proviene de granjas familiares multicultivo, en las que sería relativamente fácil y barato incluir variedades que aportaran estos nutrientes (estudio, estudio).

¿Puede el arroz dorado contribuir a disminuir la deficiencia de vitamina A en algunos países? La respuesta es sí, pero. Sí, el arroz dorado sería una fuente de vitamina A. Pero sería colocar un parche temporal y enano en un problema enorme. No es económicamente rentable ni lógico desarrollar un transgénico para cada nutriente deficitario en cada parte del mundo. Es absurdo. Todo esto obviando el hecho de que 16 años después de que el arroz dorado se diera a conocer, tras millones invertidos y la liberación de su patente, aún no se encuentra disponible para el público general. Sólo se usa en determinados campos y zonas de prueba.

Vietnam
Vietnam.

Conclusión

Ciertos tipos de cultivos transgénicos pueden contribuir al bienestar de algunos productores de países pobres incrementando su competitividad (estudio), lo que les proporcionaría mayor riqueza económica para acceder a alimentos variados que garanticen una buena nutrición. Sin embargo, sólo un pequeño porcentaje de agricultores puede acceder a esta tecnología. Pensar que el hambre y la malnutrición son un problema meramente técnico es absurdo. La raíz no está ahí. Se trata, en muy mayor medida, de un problema político y económico. Es imposible e insostenible desarrollar un arroz dorado para cada deficiencia nutricional.

¿Se deberían cultivar transgénicos? No creo que a día de hoy exista suficiente evidencia científica para colocarse al 100% en el sí o en el no. Mi opinión sería que a veces, sí. ¿Cuándo? Cuando el agricultor vaya a conseguir un beneficio económico añadido que le haga posible salir de la pobreza. Una situación de este tipo podría compensar de forma aceptable el impacto ecológico de los transgénicos. En el mundo desarrollado, no me parece éticamente justificable poner en peligro el medio ambiente por un supuesto aumento de productividad que, además, no es tal en la mayoría de los casos (ver parte 1).

Regulatoriamente, resulta bastante difícil gestionar estos tonos de gris, estos a veces. En esencia, habría que abandonar la perspectiva meramente utilitaria (en la que sólo se contempla el beneficio final) y evaluar desde una perspectiva más deontológica, donde se tengan más en cuenta los riesgos indirectos que puedan conllevar la aplicación de una determinada técnica. Sin embargo, situar umbrales de riesgo aceptables resulta extremadamente complejo (referencia).

Así, la carta de los premios Nobel me ha parecido superflua y falaz, que esboza unos conflictos reales, pero se queda en el maniqueísmo más simplista.

Por último, repito que creo firmemente que el hambre en la actualidad no es una cuestión científico-técnica, sino política y económica. Por ende, soluciones caras, difíciles y dudosas como el arroz dorado me parecen un desperdicio de recursos y una hipocresía total cuando la industria biotecnológica las esgrime como argumentos a su favor. El objetivo de las empresas agrícolas de alta tecnología es vender más semillas, más pesticidas y más fertilizantes. Están en su derecho, pero nosotros también estamos en el nuestro cuando no nos dejamos engañar por slogans blandengues y sentimentaloides. Vamos a acabar con el hambre en el mundo. ¡JA!

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