21 de marzo, Día Internacional de los Bosques

Os pido disculpas de antemano, pero voy a empezar esta entrada con una divagación un poco filosófica. Veamos. Yo solía ser un tanto escéptica sobre todo esto de los días internacionales de cosas hasta que entré en Twitter. En ese mundo paralelo que es la red social, cada día internacional se inician conversaciones y estallan discusiones (unas más enriquecedoras que otras) sobre temas de los que, de otra forma, no se hablaría con ese interés. Es obvio que la gente interesada en una problemática concreta dedica más de un día al año a hablar de ello, pero lo interesante de los días internacionales es su capacidad para incitar a toda la población (o gran parte de ella) a tomar parte en la conversación, enriqueciéndola.

Los bosques no sólo aportan salud y bienestar mental.

Estas impresiones no se alejan mucho de lo que se afirma en el blog de las Naciones Unidas, según el cual los días internacionales sirven para:

Sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes.

Es, por tanto, una idea muy democrática, y gracias a las redes sociales las conversaciones alcanzan una extensión enorme. Hasta aquí la divagación. ¡Entremos en materia forestal!

También son una fuente de energía renovable.

De los numerosos servicios ecosistémicos que nos brindan los bosques, el elegido para el Día Mundial de los Bosques 2017 es la producción de energía. Concretamente la dendroenergía, o lo que es lo mismo: la madera como fuente de energía. La madera ha acompañado a la humanidad desde el descubrimiento del fuego calentándonos, cocinando nuestra comida, sirviendo como combustible para máquinas y, por supuesto, como material de construcción (a pesar de que este uso no tenga que ver directamente con la energía). El hecho de “cortar árboles” puede parecer poco sostenible a simple vista, pero si observamos el ecosistema, un aprovechamiento maderero bien gestionado es una fuente de energía renovable. De manera simple, por cada árbol cortado, hay semillas recién plantadas y árboles jóvenes en crecimiento.

Finalizando con el mismo toque filosófico que empecé, quizá la respuesta al cambio climático pase por un cambio de paradigma energético y un renacer de la dendroenergía.

¿Tú qué crees?

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