¿Feliz? Día de la Sobrecapacidad de la Tierra

Estamos de suerte. El Día de la Sobrecapacidad de la Tierra se ha adelantado casi una semana este año respecto al 2016. Hemos superado nuestro propio récord una vez más, ya que el Día de la Sobrecapacidad 2016 fue el 8 de agosto y este año, el 2. Cada vez lo hacemos mejor. Por si no se entiende la ironía, hoy os contaré qué demonios es eso del Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, por qué debería preocuparnos a todos y, lo que es más importante, como reducir nuestra huella ecológica.

Antes de comenzar, tengo que disculparme porque la mayoría de los links que voy a compartir en esta entrada están en inglés. No me gusta hacer esto, pero en este caso me ha resultado inevitable. Para los que no dominéis la lengua de Shakespeare, recordad que podéis usar Google Translate, que no es perfecto, pero es suficiente para entender el mensaje. ¡O también podéis preguntarme en los comentarios! : )

El Día de la Sobrecapacidad de la Tierra (o Earth Overshoot Day en inglés), marca la fecha de cada año en la que la demanda de recursos ecológicos por parte de la humanidad ha superado lo que la Tierra puede generar en el año completo. Este día lleva adelantándose año tras año desde hace más de medio siglo y, en este 2017 tiene lugar hoy, 2 de agosto. Esto significa que, para cubrir nuestro consumo de manera sostenible, necesitaríamos 1,7 planetas. Supongo que no es necesario recordar que sólo tenemos UN planeta, y que la conquista de Marte está muy lejos y nos costaría muchos más recursos de los que estamos consumiendo (lo siento, Elon). En definitiva, que estamos viviendo a costa de los recursos del futuro.

Aquí, emigrando a Marte.

Aterrador, pero, ¿cómo se calcula esta fecha? La fórmula es aparentemente simple:

(Biocapacidad del planeta/Huella ecológica de la humanidad) x 365 = Día de la Sobrecapacidad de la Tierra

Lo más difícil es calcular la huella ecológica, que son los recursos ecológicos que una población requiere para producir los recursos naturales que consume y absorber los desechos que genera durante este proceso, y la biocapacidad, que son los recursos ecológicos de una determinada zona y su capacidad para absorber desechos. Para ponerlo de forma más simple, por un lado está la huella ecológica gastando recursos y produciendo porquería, y por otro lado está la biocapacidad produciendo esos recursos y absorbiendo algo de la porquería generada. Cuando la huella ecológica excede a la biocapacidad, tenemos la situación actual del planeta.

El futuro.

Pero no todas las naciones viven endeudadas con el futuro, como podéis ver en este bonito gráfico. En general, los países más desarrollados económicamente y/o más densamente poblados son los más endeudados. Esto nos coloca a los habitantes del primer mundo, los que tenemos electricidad, internet, transportes con ruedas, un armario rebosante de ropa y nos limpiamos el culo con agua potable, en una posición difícil. En mi opinión, con nuestras acciones individuales poco podremos cambiar. Harían falta grandes políticas y grandes cambios globales de mentalidad. Sin embargo, siempre es mejor hacer algo, aunque sea poco, que no hacer absolutamente nada. De hecho, si observamos Europa en el gráfico, países con una densidad de población similar, como es el caso de Italia y Alemania o España y Francia, presentan una diferencia considerable en su deuda ecológica. ¿Influyen otros factores a parte de la actitud global de la población en estas diferencias? Sí (biocapacidad del país en cuestión), pero repito: siempre es mejor hacer algo y comportarse de manera ética, que no hacer nada.

El presente.

¿Qué puedo hacer yo para parar esta locura? Es simple: consume menos y lo que consumas, consúmelo responsablemente. ¿Por qué consumir menos? Pues porque todo lo que consumimos, absolutamente todo (comida, ropa, transporte, casa, energía…), produce una huella ecológica. Y lo triste es que por poco que consumamos, dado nuestro estilo de vida “occidental” y “económicamente desarrollado”, vamos a seguir consumiendo un montón. A continuación, os voy a poner una tormenta de ideas simples para reducir nuestra huella ecológica (habrá muchas más):

  • Consume comida sin envoltorio. Ve al mercado, a la lonja, a la frutería, a la carnicería, a la pescadería.
  • O haz un huerto y cultiva tu propia comida si ya quieres enloquecer del todo.
  • Compra menos ropa. Invierte en ropa de calidad y repárala cuando sea posible. Compra ropa que de verdad te guste y no por moda (recuerda que ahora parecemos idiotas con hombreras o pantalones de campana). Ah, y nadie necesita tantos zapatos.
  • O, para llevarlo al siguiente nivel, iníciate en la idea del armario cápsula.
  • Anda o monta en bici en vez de quemar petróleo.
  • Si tienes plantas o un huerto (¡locura!). Haz compost con los residuos orgánicos de tu cocina..
  • Consume en proximidad en la medida de lo posible: compra cosas que hayan sido fabricadas o cultivadas lo más cerca posible de donde vives.
  • No desperdicies, aunque tu economía te lo permita.
  • Come fruta y verdura de temporada.
  • Come menos carne y pescado.
  • Reemplaza tus aparatos electrónicos cuando se rompan o dejen de cumplir su función. ¿Qué p*ta locura es esta de comprar un iPhone cada año?
  • Dona o regala lo que no te haga falta, así otras personas no tendrán que comprarlo nuevo, por lo que no necesitará ser fabricado de nuevo.
  • Consume productos de segunda mano. Muebles, menaje, ropa…
  • Si vives en el primer mundo, no necesitas beber agua embotellada.

Y por último, informa a la gente. Habla, escribe, ¡inspira! : )

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